Desde entonces fotografío todo lo que encuentro,y todo lo que veo o siento se refleja en mis fotógrafías.
Ahora me doy cuenta de que no me dijeron la verdad; en realidad eran magos, magos que robaban los instantes de lo, y de quienes les rodeaban.
Intenté continuar su magia, de hecho aun continuo intentándolo. Seguí, medio en broma medio en serio aprendiendo con ellos, comprendiendo que cada imagen tomada, era tan importante como los recuerdos de cada persona.
En abril de 1990 abrí mi propio estudio (de magia), a partir de entonces busco por mi mismo, cada momento y cada mirada de las personas,
el alma de los objetos, las luces de los paisajes. En julio de 1994 me fui a un estudio mayor, donde ahora me encuentro, y donde la necesidad de comprender la magia de las imágenes sigue aun más fuerte. Hoy me gustaría que al ver mis fotografías entendieseis que ese instante solo permanece en esa imagen tal cual yo la vi.
Esa es la magia de las fotografías.
